![]() |
LIMA |
Diciembre 23, 2009 | Director: Aldo Mariategui
|
RSS
|
| Buscar | Regístrate | Correo TV | Correo en Facebook | Correo en YouTube | Perú en imágenes | Edición Móvil | COLUMNISTAS | ![]() |
ESTILO |
|
Juan Carlos ValdiviaCOLUMNAS BIZANTINAS |
LIMA | En días pasados, un reconocido jugador de golf de Estados Unidos se ha visto envuelto en un escándalo por sus plurales devaneos amorosos. Las consecuencias para él han sido duras, y muestran una triste diferencia entre nuestras sociedades.
Eldrick "Tiger" Woods ha tenido que retirarse de su exitosa carrera profesional, perdiendo millonarios contratos publicitarios, recibiendo la sanción moral de su sociedad. Si su caso hubiera ocurrido entre nosotros, el implicado -como ha sucedido muchas veces- terminaría siendo protagonista de edulcorados informes en los programas dominicales, daría entrevistas acompañado de sus novias en los programas de espectáculos, y utilizaría la notoriedad que le diera el escándalo para lanzarse a una candidatura a alguna alcaldía distrital o quizás como congresista.
En el Perú estamos acostumbrándonos a convivir con la corrupción. Tenemos una alta tolerancia con funcionarios públicos que malversan fondos o con políticos que no pueden explicar repentinas fortunas. Y así veremos postulando a aquellos que no pueden explicar su propio boom inmobiliario, junto a los que han hecho del escándalo una carrera profesional, al costado del militar que vuela en parapente pero que no puede explicar los negociados con la gasolina durante su gestión.
Los políticos elegidos creen que no deben dar explicaciones, y como ha sucedido en el reciente caso del presidente del Congreso y sus "auspicios culturales", entre ellos terminan cubriéndose, en nombre de la defensa de la institucionalidad. Y en algunos medios de comunicación se confunde la necesidad de vender con la promoción de estruendos y altercados.
¿Cómo lograr un cambio en la sociedad ante tanta laxitud moral? En el Perú no hay sanción. Ni del Estado, ni de la sociedad. Como dice el tango: "Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor!". Lo único que importa es ser famoso, ya sea por robar o por bailar, por cantar o enamorar, porque ahí donde lo que importa es ser conocido, la moral no importa.
















LIMA.