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LIMA |
Febrero 09, 2010 | Director: Aldo Mariategui
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ESTILO |
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Martín Santivánez VivancoOPINIÓN |
LIMA | Francis Allison, ex alcalde, ex ministro y ex golden boy de la vida pública peruana, es una mezcla tramposa de embustero, ayayero y trepador. Por eso, porque todas estas perlas lo adornan, es perfecto, fue perfecto y siempre será perfecto para ese bodrio nauseabundo que llamamos "política nacional". El triste espectáculo que ha protagonizado en Miami nos recuerda lo bajo que nuestros líderes pueden caer, los abismos insondables de sus tropiezos y esa concupiscencia por el poder que despierta en los ambiciosos el aroma esquivo de la plaza pública.
El señor Allison se revolcó varias veces, feliz, en el sucio excremento de la corrupción. Y logró zafarse hábilmente, aunque en el camino se fueron quedando las medallas, los cargos y las amistades presidenciales. Hoy, atrapado con las manos en la masa, en vez de expiar su delito y aceptar el castigo con honor, se defiende proclamando a los cuatro vientos que esto no pasa de ser una "inocente confusión".
Y tiene razón. Todo es una confusión. ¡Claro que sí! No es normal que un político peruano que viola la ley pague por sus culpas. Es extraño que la justicia de la norma ejerza su dominio sobre un hombre acostumbrado a la pleitesía partidista, a la portátil por encargo y al lobby ministerial. Los gringos, esos aguafiestas antipáticos, han roto el maleficio de la impunidad. Tendríamos que denunciarlos por alterar las leyes cósmicas de la criollada, persiguiendo a un ex ministro que, pobrecito él, se atarantó con los dólares de su billetera feraz.
Sólo un país profundamente confundido es capaz de elegir a especímenes de esta ralea. Sólo una nación absolutamente enajenada encumbra en el poder a sicarios de la coima, a piratas de la ley y a cosacos del faenón. Tenemos, es cierto, tecnócratas capaces y algunos operadores serios que mantienen a flote la macroeconomía, salvaguardando a la República de la locura comunista que se apodera de nuestros vecinos. Sin embargo, la elite política peruana, esa puta babilónica, continúa esperando la regeneración moral. La crisis de valores que denunciaba Víctor Andrés Belaunde hace casi cien años se mantiene y expande, floreciendo bajo la sombra infame de nuestra indiferencia. Si apostamos por el desconcierto o si abrazamos la turbación, pereceremos como país. Es tiempo de ordenar nuestra política. Ya es hora de reaccionar.












LIMA.
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